lunes, 31 de mayo de 2010

Recuerdo infantil

Hoy, 31 de mayo, era el día grande del colegio. Celebrábamos Nuestra Señora del Amor Hermoso.
Tras haber honrado a la Virgen durante todo el mes con "las flores de mayo" (cada clase llevaba un día flores para la Virgen Blanca de la capilla y rezábamos el rosario), acabábamos el mes con la gran fiesta. Todos los alumnos del colegio nos reuníamos ordenadamente por cursos en el patio, y cantábamos el "Mil albricias! a la Virgen. Después, Misa Rociera. El resto del día: juegos, gymkanas con pruebas y obstáculos por toda la ciudad, festival... Era la clausura oficial de curso. En junio, los exámenes finales y las ansiadas vacaciones.

Con el paso de los años, queda el recuerdo de ese acudir continuo a la Virgen. Esa semillita que nos plantaron con 2 años y que curso a curso germinaba, sólo puede dar frutos. Unida, claro está a la formación que recibías en la familia.

¡Qué importante puede ser la presencia de María en la vida de cada uno! Estoy segura de que la Virgen pagará y mucho esa labor de las religiosas y profesores del colegio.

María me ha acompañado en todos los momentos de mi vida, vida que no puedo entender sin Ella: Madre, amiga, cómplice...
Y es que, como cantábamos en el colegio:

"¡Toda grande es la Madre de Dios!"



viernes, 28 de mayo de 2010

Sentido común

Si por algo me gusta el blog Desde el 5º- B es por el sentido común aplastante de su autora. Es de agradecer que relate el día a día de una familia numerosa con tanta naturalidad. Las dos últimas entradas han suscitado reacciones de todo tipo. Comparto al 100% todo lo que cuenta Mª Jesús. Os invito a visitar el blog.


Copio ese artículo de Blanca Mijares, que va en esa misma línea:

sábado, 22 de mayo de 2010

Ideología de género

Novedad de la editorial Sekotia:

La ideología de Género o el Género como herramienta de poder, demuestra de forma amplia que la ideología de género es una forma de pensamiento –primero– y de actuación –segundo– totalitaria. Con el adjetivo totalitaria se quiere expresar la pretensión de abarcar todos los aspectos de la vida personal y social del individuo. Quiere ser una nueva forma de antropología, que pretende “crear” un nuevo ser humano, para luego expandirse e informar sobre el comportamiento en la vida social.

A diferencia de otros movimientos totalitarios en la historia de la humanidad, éste pretende colarse desde el pensamiento del individuo para lograr de forma natural su manera de comportarse en la sociedad. La ideología de género busca imponerse de forma totalitaria, mediante el ejercicio del poder absoluto, en especial a nivel supranacional –y desde allí recalar en los distintos pueblos y naciones–, mediante el control de los medios de propaganda y de elaboración cultural. La documentación al respecto es abrumadora. Juzgue el lector.

La ideología de Género o el Género como herramienta de poder, es un libro imprescindible para el reconocimiento de los cambios sociales que se pretenden ejecutar desde la política y que afectan a la sociedad en el individuo, de forma que todo en él se transforme y sea condicionado a un comportamiento único y por lo tanto más manejable. Como consecuencia de todo esto, estudia la ideologización de los Derechos Humanos como instrumentos para manipular los principios de la Salud Sexual y Reproductiva e imponer en países desarrollados o en vías de desarrollo.
-

martes, 18 de mayo de 2010

jueves, 13 de mayo de 2010

Misa de Benedicto XVI en Fátima


El Papa advierte contra una “familia humana dispuesta a sacrificar sus lazos más sagrados en el altar de los mezquinos egoísmos de nación, raza, ideología, grupo, individuo”, y manifiesta que la misión profética de Fátima no ha acabado.

En la solemnidad de la Virgen de Fátima, Benedicto XVI ha celebrado esta mañana la Santa Misa en la explanada del Santuario de Nuestra Señora de Fátima, en un año en el que coinciden el décimo aniversario de la beatificación de los pastorcitos Francisco y Jacinta, el centenario del nacimiento de ésta última y el quinto de la muerte de sor Lucía.

Medio millón de fieles han acompañado al Santo Padre en esta festividad especial de Fátima, en la que el Papa ha rendido un especial homenaje a nuestra Madre bendita que nos ofrece el Amor de Dios que arde en el suyo, frente a una “familia humana dispuesta a sacrificar sus lazos más sagrados en el altar de los mezquinos egoísmos de nación, raza, ideología, grupo, individuo”.

Con la capacidad extraordinaria de leer los acontecimientos de la historia de la salvación en el contexto concreto del palpitar de la vida presente y cotidiana, Benedicto XVI ha empezado su homilía recordando que venía con devoción a Fátima postrarse a los pies de la Virgen. “He venido como peregrino, a esta ‘casa’ que María ha elegido para hablarnos en estos tiempos modernos”.

“He venido a Fátima para gozar de la presencia de María y de su protección materna. He venido a Fátima, porque hoy converge hacia este lugar la Iglesia peregrina, querida por su Hijo como instrumento de evangelización y sacramento de salvación. He venido a Fátima a rezar, con María y con tantos peregrinos, por nuestra humanidad afligida por tantas miserias y sufrimientos”.

“En definitiva, -ha dicho el Papa- he venido a Fátima, con los mismos sentimientos de Francisco, Jacinta y Lucía, para hacer ante la Virgen una profunda confesión de que “amo”, de que la Iglesia y los sacerdotes “aman” a Jesús y desean fijar sus ojos en Él, mientras concluye este Año Sacerdotal, y para poner bajo la protección materna de María a los sacerdotes, consagrados y consagradas, misioneros y todos los que hacen de la Casa de Dios un lugar acogedor y benéfico”.

, -ha afirmado Benedicto XVI- el Señor, nuestra gran esperanza, está con nosotros. En su amor misericordioso, ofrece un futuro a su pueblo: un futuro de comunión con él”. Y ha recordado el Pontífice que dentro de siete años los peregrinos volverán a Fátima para celebrar el centenario de la primera visita de la Señora venida del Cielo”, como Maestra que introduce a los pequeños videntes en el conocimiento íntimo del Amor trinitario.

Luego, dirigiéndose a las personas presentes en el santuario mariano y a cuantos estaban unidos a ellos a través de los medios de comunicación, el Papa ha señalado que “Dios tiene el poder de llegar a todos”. “Él tiene el poder para inflamar los corazones más fríos y tristes”. “Nuestra esperanza tiene un fundamento real, se basa en un evento que se sitúa en la historia a la vez que la supera: es Jesús de Nazaret”. “¡Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen!”

“La fe en Dios abre al hombre un horizonte de una esperanza firme que no defrauda; indica un sólido fundamento sobre el cual apoyar, sin miedos, la propia vida; pide el abandono, lleno de confianza, en las manos del Amor que sostiene el mundo”.

Benedicto XVI volviendo de nuevo a la vida de los tres pastorcitos de Fátima, ha mostrado como su cercanía a Dios fructificó en una vida ejemplar, más fraterna, más dichosa y comunitaria: “han hecho de su vida una ofrenda a Dios y un compartir con los otros el amor de Dios”.

“La Virgen los ha ayudado a abrir el corazón a la universalidad del amor. En particular, la beata Jacinta se mostraba incansable en su generosidad con los pobres y en el sacrificio por la conversión de los pecadores. Sólo con este amor fraterno y generoso lograremos edificar la civilización del Amor y de la Paz”.

“Se equivoca quien piensa que la misión profética de Fátima está acabada, -ha observado el Pontífice. “Aquí resurge aquel plan de Dios que interpela a la humanidad desde sus inicios: “¿Dónde está Abel, tu hermano? La sangre de tu hermano me está gritando desde la tierra”. El hombre ha sido capaz de desencadenar una corriente de muerte y de terror, que no logra interrumpirla... En la Sagrada Escritura se muestra a menudo que Dios se pone a buscar a los justos para salvar la ciudad de los hombres y lo mismo hace aquí, en Fátima.

Con la familia humana dispuesta a sacrificar sus lazos más sagrados en el altar de los mezquinos egoísmos de nación, raza, ideología, grupo, individuo, nuestra Madre bendita ha venido desde el Cielo ofreciendo la posibilidad de sembrar en el corazón de todos los que se acogen a ella el Amor de Dios que arde en el suyo. Al principio fueron sólo tres, pero el ejemplo de sus vidas se ha difundido y multiplicado en numerosos grupos por toda la faz de la tierra, dedicados a la causa de la solidaridad fraterna, en especial al paso de la Virgen Peregrina. Que estos siete años que nos separan del centenario de las Apariciones impulsen el anunciado triunfo del Corazón Inmaculado de María para gloria de la Santísima Trinidad”.

Fuente: Ecclesia Digital


miércoles, 12 de mayo de 2010

Benedicto XVI en Portugal

Las celebraciones con el Papa Benedicto XVI en cada diócesis portuguesa visitadas del 11 al 14 de mayo de 2010 tendrán un tema específico:
- Santidad y Evangelización en Lisboa;
- Compartir con gloria en Fátima;
- Iglesia y Misión en Oporto.

sábado, 8 de mayo de 2010

Se découvrira le printemps!


video


Caricia sobre el océano,
lleva a un pájaro tan ligero
que vuelve de tierras nevadas.
Aire efímero de invierno,
a lo lejos tu eco se aleja,
castillos en España.

Vira al viento, gira,
despliega tus alas
en el alba gris de oriente.
Encuentra un camino en el arco iris,
llegará la primavera.

Una caricia sobre el océano
deja a un pájaro tan ligero
sobre le piedra de una
isla sumergida.
Aire efímero de invierno,
al final tu aliento se aleja
lejos, en las montañas.

Calma sobre el océano

_

viernes, 7 de mayo de 2010

El niño respiraba y demás censuras

Fuente: alfayomega.es

La mujer llegó al hospital, en la provincia italiana de Cosenza, el 24 de abril por la mañana. Aborto terapéutico. Su primer hijo no debía tener esas dos malformaciones detectadas por la ecografía en el paladar y el labio. Poca cosa, pero antiestético.
Al día siguiente, acudió al lugar el capellán, el padre Martello, que acostumbra a rezar ante los cadáveres de esos bebés abortados. Para su sorpresa, cuenta el diario Il Foglio, el niño, de 22 semanas, respiraba. Los médicos le habían colocado en un contenedor, a la espera de que muriera. Don Antonio pidió ayuda, pero ya era demasiado tarde. Esos mismos médicos encargados de matar legalmente al niño afrontan paradójicamente ahora una condena por no salvarle la vida. 

The Daily Telegraph recuerda otros antecedentes en Italia. Son casos que interesan en el Reino Unido, porque allí se repiten con bastante frecuencia, por la permisividad de las leyes abortistas. Algunos médicos solicitan al Gobierno que se les blinde si el niño nace vivo. La solución -sostienen algunos- es la eutanasia infantil, y terminar sin presiones la faena después del parto. Porque, a veces, el niño sale terco. Un chaval de Manchester sobrevivió a tres abortos. Ahora tiene 5 años.

Ésta es la cara de la noticia que incomoda a la propaganda, esa misma propaganda que muestra a los suicidas asistidos como héroes, rodeados de gente que les aplaude... Pero esa imagen se desmoronaba, hace unos días, ante la aparición de unas 300 urnas en Lago Zurich, con restos mortales supuestamente de clientes de la clínica suicida Dignitas, arrojados al agua para abaratar costes. Se ha visto todo claro: en realidad, a nadie importaba la suerte de esos desgraciados suicidados, cuyos restos nadie reclamó. Pero la historia tiene su lado irónico: «Facilitar los suicidios de esas personas está bien, pero enterrarlas inadecuadamente» puede llevar al dueño de la clínica a la cárcel, comenta el blog de Wesley Smith. Es la ecología, estúpido...

Lo anormal de estos dos casos es haber superado la censura progresista, que apela al buen gusto y al pudor cuando le interesa cortar un debate bioético, e impedir que la población, especialmente la infantil, conozca alguna cruda realidad. En su edición digital, comentaba, hace unos meses, el diario The Wall Street Journal las diferentes varas de medir del New York Times, cuyo defensor del lector defendía, en abril de 2009, que se contara la verdad brutal sobre los interrogatorios de la CIA a miembros de Al Qaeda bajo la Presidencia de George W. Bush (Telling the Brutal Youth), mientras el diario suavizaba, hasta hacer irreconocible la realidad, cuando se trataba de hablar sobre el aborto con nacimiento parcial, una técnica legal en Estados Unidos, y apoyada por Barack Obama, que se practica con sólo la cabeza del niño dentro del cuerpo de la madre: si estuviera fuera, el médico estaría obligado a salvarle la vida, pero como está parcialmente dentro, aunque patalee de dolor, el médico puede perforarle la nuca y extraerle el cerebro.

La progresía sabe evitar debates incómodos. Si puedo asustarte, ¿por qué vamos a debatir?, titula un artículo, en Aceprensa, Juan Messeguer, sobre interesadas restricciones legales a la libertad de expresión, como la que padeció una anciana británica, que protestó por carta a su Ayuntamiento por una marcha homosexual en su pueblo, que calificó de «manifestación pública de indecencia», y se encontró con la ingrata visita de dos policías, por instigación al odio. Por esa ley -cuenta el Telegraph-, acaba de ser arrestado un pastor baptista, que ha llamado pecado a la práctica homosexual.

Lo habitual, sin embargo, es que no haga falta recurrir a esas medidas drásticas. La presión mediática suele generar autocensura. ¿Qué medio se atreverá a indagar, por ejemplo, qué hay de cierto en las palabras del cardenal Bertone, sobre la relación entre pederastia y homosexualidad? 
Aborda el tema Forum Libertas, en Sólo el homosexualismo político defiende la iniciación sexual de menores por adultos, con abundancia de argumentos, descartados de antemano en otros medios, por anatema.
_

jueves, 6 de mayo de 2010

Malraux y los ataques al Papa

*Ignacio Carbajosa en www.larazon.es 

Para entender el panorama que han generado los ataques al Papa en las últimas semanas, a raíz de los abusos a menores por parte de sacerdotes católicos, y para comprender algunas de sus motivaciones ocultas, resultan verdaderamente esclarecedoras unas palabras de André Malraux.

Con la desolación de la Primera Guerra Mundial todavía en los ojos, Malraux describía así en su obra La tentación de Occidente la situación de la cultura europea, que, destronando a Dios, había alcanzado sólo un reino de muerte: «Para destruir a Dios, y después de haberle destruido, el espíritu europeo ha aniquilado todo lo que podía oponerse al hombre: llegado al término de sus esfuerzos, como Rancé ante el cuerpo de su amante, no encuentra más que muerte (...). No existe ningún ideal por el cual podamos sacrificarnos, porque de todos conocemos la mentira, nosotros que no sabemos qué es la verdad. La sombra terrestre que se alarga detrás de los dioses de mármol basta para apartarnos de ellos».

No se trata ahora de discutir los datos de una campaña que, sorprendentemente, pretende identificar en la Iglesia católica la clave de un problema, el del abuso a menores, que afecta a toda la sociedad y en la que los sacerdotes implicados no son más que un ridículo porcentaje en el conjunto de los casos de tan terribles abusos. Las durísimas palabras del Papa en su carta a los católicos de Irlanda, condenando los hechos y una cierta actitud de encubrimiento, bastan para comprender la postura de la Iglesia en este asunto.

La lúcida perspectiva histórica de Malraux nos ayuda a entender la parábola que las acusaciones a la Iglesia pueden describir y a comprender cuál es la verdadera necesidad de Occidente y de nuestra sociedad española en concreto. Hasta ahora la sociedad bienpensante se había conformado con arrinconar de hecho a la Iglesia católica al ámbito de lo «irrelevante». Separados los ámbitos de la razón (sociedad civil y científica, lugar del saber) y de la fe (Iglesia, lugar del creer entendido como «devoción»), la comunidad eclesial es tolerada como un resto del pasado, centrado en unas reglas morales y en unas prácticas piadosas. La Iglesia es respetada como institución benefactora, que lleva a cabo un asistencialismo digno de admiración. Otros incluso la miran con simpatía como guardiana de los valores de Occidente, especialmente frente al inquietante panorama del multiculturalismo. Pero en las últimas décadas, especialmente a partir del pontificado de Juan Pablo II, la Iglesia ha tenido la osadía de levantar su voz para proponer públicamente una palabra verdadera sobre la naturaleza del hombre y su destino, sobre su felicidad, sobre la recta convivencia entre los hombres. Y esto resulta intolerable.

De modo consciente o inconsciente, los ataques que estos días recibe el Papa parecen mostrar, en palabras de Malraux, que «no existe ningún ideal por el cual podamos sacrificarnos, porque de todos conocemos la mentira». Desenmascarados los últimos ideales del siglo XX con la caída del Muro de Berlín, sólo quedaba un ideal arrinconado, aunque peleón: el de la Iglesia católica, sostenido por figuras moralmente irreprochables como Teresa de Calcuta o el papa Juan Pablo II, o como los misioneros que dan su vida en zonas como Haití... o todos los curas anónimos que, sin publicidad, se dejan la piel en los barrios marginales de las grandes ciudades. Era necesario seguir atacando en su raíz la naturaleza «excepcional» de la Iglesia.

Detrás de los titulares de estos días podríamos leer el siguiente mensaje: lo que hasta ahora se podía considerar una institución admirable, envuelta en una aureola de bondad, no hace sino producir «monstruos» con sus leyes eclesiásticas. Los sacerdotes, con un celibato trasnochado, no son más que «monstruos», que intentan canalizar como pueden una pulsión que su ideal no puede colmar. Estos hechos desenmascararían la mentira del último gran ideal de la humanidad occidental: el ideal cristiano. «La sombra terrestre –el horrendo delito de algunos curas– que se alarga detrás de los dioses de mármol basta para apartarnos de ellos» (Malraux). No pueden vivir así, es imposible. Sólo generan monstruos. La Iglesia no sólo es inútil. Además es nociva. Y volvemos a la visión de las ruinas de Occidente que hacía reflexionar a Malraux.

Derrocado Dios y todo ideal no nos queda más que convivir con nuestra propia maldad. Que, a su vez, genera maldad y violencia. Pero tal vez podría ser éste nuestro punto de partida. En efecto, la gran cuestión de la cultura occidental, y en concreto de nuestra sociedad española, es si hay algo más fuerte que el mal, que el odio, que nuestra mezquindad y que nuestra debilidad. Sinceramente, no encuentro una cuestión más radical. Y ésta es una cuestión que interesa a todos. Porque las personas que en este tiempo arrojan suciedad contra el Papa, y contra la Iglesia católica en general, son las primeras en experimentar, aunque sea inconscientemente, esta necesidad: ¿hay algo más fuerte que mi incapacidad de querer bien a mi mujer, de tratar adecuadamente a mis hijos o de construir relaciones duraderas? Ésta no es sólo la pregunta que se hacen las víctimas de los abusos, que desean salir de una pesadilla tan injustamente inscrita en sus vidas, o la pregunta que se hacen los sacerdotes condenados, hundidos en el océano del remordimiento. Es la misma pregunta que se hacía el eclesiástico mujeriego Rancé, citado por Malraux, ante el cadáver de su amante, la condesa de Montbazon. En estos días de Pascua la Iglesia vuelve a proclamar a los cuatro vientos el acontecimiento histórico que está en su origen: «¡Ha resucitado! ¡El sepulcro está vacío!» Cristo ha roto las cadenas de la muerte, venciendo el límite del tiempo y del espacio. Éste es el anuncio que ha proclamado la Iglesia durante dos mil años y que sigue proponiendo hoy: Cristo está vivo, presente en la vida de su Iglesia, ofreciendo un abrazo que es más fuerte que el mal y que toda nuestra mezquindad. Él ha tenido piedad de nuestra nada. Frente a un anuncio como éste no sirven los prejuicios, de nada vale volver la cabeza, o descalificar de entrada, especialmente si uno alberga un resquicio de humanidad necesitada, consciente del propio límite. Es un anuncio que se propone a la libertad de las personas. Y exige una verificación. Toda la suciedad que se encuentra en la Iglesia (¡incluso si se multiplica!) será un motivo de renovado dolor y deseo de reparación, pero no puede presentarse como excusa ante la necesidad apremiante de verificar una afirmación que interesa a toda la sociedad española: verdaderamente hay algo más fuerte que nuestro mal y el mal de la humanidad entera. La historia de Rancé (inmortalizada en la novela de Chateaubriand) es muy ilustrativa a este respecto. Manchado su traje eclesiástico y provocado por la pregunta radical ante el cadáver de la condesa, se convirtió y llegó a ser el gran reformador de los trapenses. El mal no fue objeción ante el abrazo que Cristo ofrecía a su humanidad dolorida.

*Catedrático de Antiguo Testamento en la Facultad de San Dámaso y responsable de Comunión y Liberación en España.

lunes, 3 de mayo de 2010

Benedicto XVI en Turín

Con motivo de la ostensión de la Sábana Santa, el Papa ha visitado la Catedral de la ciudad de Turín:



También tuvo un encuentro con los jóvenes en la plaza de san Carlos, donde una vez más los espoleó a vivir una vida plena y auténtica abrazando el Amor de Dios: