Aunque no hay nada nuevo bajo el sol.
Estos días se trata de mirar dentro de uno mismo y ver a la luz de los ojos de Jesús, lo que no va. Y acercarse al confesionario, y contarle al sacerdote, que en esos momentos no es hombre, sino Dios.
Y como a la mujer peadora, te coge, te sana, te perdona, y quedas limpio.
Y luego... paz. Pero la de verdad. Porque nadie te condena.
Es Dios, que nos tiende la mano. Siempre nos está esperando. ¿Se lo vas a negar?
Esto es la reinvención... al alcance de cualquier fortuna.
Totalmente de acuerdo, es la paz verdadera.
ResponderEliminarMuchas gracias.
Un beso.