domingo, 15 de marzo de 2009

Lo que vale la pena

Dicen que lo que cuesta vale la pena. No estoy de acuerdo. Sí que pienso que todo lo que vale la pena, cuesta. No es un trabalenguas; me explico: a veces perdemos tiempo y energías, en cosas insustanciales. Somos capaces de los mayores sacrificios por estar en forma, guap@s y saludables. Algo estupendo, por cierto; pero todo pasa, y si algo deja el paso del tiempo son arrugas y exceso de piel colgante.

Mientras que un pequeño sacrificio, como los que nos enseñan que es bueno practicar en Cuaresma, nos puede parecer algo obsoleto: cosas como el ayuno o la limosna. Benedicto XVI nos pide a los católicos que en esta Cuaresma ayunemos de televisión e internet. Evidentemente, si de la televisión podemos prescindir, de internet no tanto por motivos laborales, pero sí que se puede acortar el tiempo de ocio ante el ordenador.

¿Qué sentido tiene todo esto? No es masoquismo. Prescindir de cosas innecesarias o necesarias a veces, nos hace ser más libres. Y si además lo ofrecemos a Dios por tantas cosas y personas que lo necesitan, será nuestra alma la que esté en forma.

Aprieta el calor en el sur. A veces el pequeño sacrificio puede ser prescindir de una coca-cola. Y no perder el tiempo en cosas que no valen la pena. Para muestra, un ratón:

video

5 comentarios:

  1. Te explicas con claridad y tienes sentido del humor.
    En el Sur ya mismo tenemos muchas coca-colas que retrasar,verás como se entere la Empresa:)

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  2. Quién dice una coca cola, dice una horchata. Pero no tenía vídeos divertidos de horchatas.
    Que no tengo nada en contra de la bebida de la chispa de la vida, antes bien, todo lo contrario.

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  3. Muy bueno el vídeo. A mí, renunciar a la coca cola, me resultaría difícil que a este ratón. Entiendo lo que quieres decir.

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  4. O adelantar una sonrisa, o retrasar un discusión o alargar una mano o hacer una llamada o invitar a un helado o dedicar un post, o mandar un mail, o...o retrasar un pitillo ¿por qué llego siempre a lo mismo? Supongo que porque es lo que más me cuesta y supongo que será lo que más vale ¿o no?

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  5. Sí, hay mil cosas que ofrecer, Inés. La suerte es que hay para todos y todos los gustos. Lo importante es que no se note. Que sea algo entre Dios y tú.

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